Estrategias en red para la transformación social

* por Marta Pulgar (comunicadora social, consultora y formadora en comunicación estratégica) y Marta Franco (periodista, bloguera y comunicadora digital)

Autor: Adolfo Contreras Sierpe vía Flickr

Autor: Adolfo Contreras Sierpe vía Flickr.

Son muchas las experiencias internacionales y locales en las que la ciudadanía, a través de la creación de una identidad colectiva o de la suma de identidades individuales, usa estratégicamente las tecnologías y medios digitales buscando el cambio social.

En la revolución egipcia de 2011 el activismo en línea sin duda jugó un papel crucial en la organización de las protestas para derrocar al presidente Hosni Mubarak. Además de en La primavera Árabe, el Occupy Wall Street de Nueva York logró una amplia difusión a través de Twitter, como también lo jugó en Méjico el movimiento por la libertad de expresión #YoSoy132. Otro ejemplo lo encontramos en el movimiento estatal “15-M”, nacido y organizado en la red, el cual ha desarrollado hasta su propia red social libre y autogestionada, la comunidad N-1.

La llegada del “15-M” situó en el imaginario la idea de que juntos podemos cambiar las cosas y sirvió en la construcción de una red de solidaridad que ayudó a otros movimientos sociales como el de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) a ser más visibles. La campaña “Stop Deshaucios” se viralizó mucho en la red gracias a la grabación en vídeo de los primeros desalojos. Hoy la PAH cuenta con más de 24.766 seguidores en Facebook, más de 39.000 en Twitter, e innumerables visualizaciones en Vimeo y Youtube.

Los ejemplos de movilizaciones sociales que han convertido los medios sociales en espacios esenciales para recoger la indignación hacia injusticias y problemáticas se multiplican exponencialmente. Da buena fe de ello el recopilatorio de casos seleccionados por los alumnos de @redvolucionate en Cuando los responsables callan, hablan las redes sociales

Internet es una herramienta de colectividad que puede comunicar y unir a masas con un mismo objetivo.

Más allá del “clicactivismo” o del “activismo de sofá”

El activismo no trata sólo de hacer “un clic”. Aunque pueda parecer más fácil atender la realidad en la pantalla del teléfono, no es posible transformarla pulsando el control remoto. Lo que sí es incuestionable es que la red ha sido un detonador para la revolución.

Autor: Alex Casanova vía Flickr

Autor: Alex Casanova vía Flickr

La tecnología está modificando las formas de organizar, ver y pensar el mundo. Vivimos una revolución social dónde los límites entre lo analógico y lo virtual se diluyen. El activismo digital abre nuevas oportunidades para influir en retos globales como la pobreza, la corrupción o la violación de los derechos humanos.

Como define Amnistía Internacional en Herramientas y sugerencias para un ciberactivismo eficaz, un ciberactivista es “alguien que utiliza Internet, sobre todo la blogosfera y las redes sociales, para difundir un discurso y poner a disposición pública herramientas que devuelvan a las personas el poder y la visibilidad que monopolizan empresas e instituciones”. En su último informe anual, también recoge que nunca, en sus 50 años de trabajo, habían vivido un año tan intenso en revueltas sociales y proyectos de cambio social como en 2012.

“La parte convulsa social es vista como una buena noticia, la calle toma el liderazgo, con Internet como protagonista”, afirma Emilio Lecuona, miembro de esta oenegé.

Y es que Amnistía Internacional, así como otras destacadas organizaciones como Greenpeace, llevan tiempo utilizando Internet como herramienta de sus campañas, convencidas que en un momento de crisis de las oenegés como el que se está viviendo, las estrategias TIC en el tercer sector pueden ser de gran ayuda.

Otras redes sociales no sólo son posibles, sino muy necesarias

Como demuestra la guía de social media para oenegés Sector 3.0, a través del análisis de algunos ejemplos de campañas solidarias, son muchas las formas en las que las redes sociales pueden resultar útiles para una causa. “Pueden servir para dar a conocer un proyecto concreto, concienciar a la sociedad, multiplicar el alcance de una determinada campaña, establecer relación con afectados o captar fondos y personas voluntarias”, listan.

Pero para explotar adecuadamente el uso de los medios sociales, tenemos que ser también muy conscientes de su parte negativa.

Geert Lovink, académico, activista y fundador del Instituto de las Culturas en Red, pública en su libro “What happens when Networks Are Without a Cause?” una crítica a este tipo de medios más allá de las connotaciones positivas que siempre se asocian al término “social”.

Lovink se pregunta hasta qué punto son estos medios una realidad social o comercial. Facebook, por ejemplo, es una plataforma electrónica todopoderosa que acapara y administra la identidad de sus usuarios. Wikileaks, entre otras voces, sostiene que las bases de datos de Facebook estarían aprovechándose con fines de espionaje. De hecho, tanto Facebook como Twitter son servicios centralizados: el contenido que sus usuarios publican allí no permanece en sus computadoras personales, sino en los bancos de memoria de esas empresas.

Es por ello que es importante tener en cuenta que también existen redes sociales alternativas no centralizadas que operan con el fin de generar debates y procesos creativos, manteniéndose al margen de la tentación de usar los datos de sus usuarios con fines comerciales (como Lorea, N-1 o identi.ca, entre otras). En el futuro es viable que redes sociales locales, dedicadas a aspectos culturales y nacionales específicos, le quiten territorio a Facebook.

Nuevas herramientas de acción ciudadana

Cada vez aparecen nuevas plataformas de acción ciudadana por Internet para impulsar lobbies o sumar peticiones, como MoveOn.org en los Estados Unidos, GetUp.org en Australia, y 38 degrees en el Reino Unido.

También encontramos la plataforma norteamericana Change.org, una web de peticiones ciudadanas, que ya suma 4 millones de usuarios únicos en España, más que LinkedIn y Twitter juntas y que, por ejemplo, en febrero recogió más de un millón de firmas a favor de la dimisión de Rajoy, tras destaparse el caso Bárcenas. Estas organizaciones nos ayudan a recordar que el gobierno es para el pueblo y no al revés, como afirma Jennifer Dulski, directora general de Change.org, en una entrevista en Expansión.com:

“El poder ya no está solo en manos de unos pocos. Gracias a las nuevas tecnologías, cualquier ciudadano puede llegar a cambiar el mundo”, subraya.

“Tecnología libre para la acción ciudadana. Del 99% para el 99%”. Así se define a sí misma Oiga.me, otra “plataforma activista de movilización distribuida, transparente, con software libre y sin ánimo de lucro”, como apuntan en su web.

Por otro lado, la comunidad ciudadana global online más grande del mundo es Avaaz.org, otra comunidad activista que, según sus creadores, acerca el poder y la voz de la gente a los centros políticos de decisión a nivel mundial.

Este tipo de recursos facilitan el surgimiento de un activismo más ágil y estratégico, en el que convergen modelos de acción convencionales e innovadores, donde cada vez más ciudadanos unen sus voces en plataformas organizadas y se movilizan en torno a problemas a nivel local, nacional y global para lograr un impacto.

Tecnologías móviles solidarias

Captura de pantalla de Listen to helpActualmente se pueden realizar pequeños actos de solidaridad desde cualquier lugar y en cualquier momento a través del móvil. Descargando, por ejemplo, alguna de las aplicaciones de esta recopilación de Canalsolidario se puede actuar a favor de una buena causa como apoyar la educación de niños en países en desarrollo o ayudar a personas afectadas por alguna enfermedad.

Territorio Creativo también destaca en el post “Una vaca en mi iPhone: apps para el desarrollo” algunas aplicaciones tecnológicas de alto valor social, en este caso pensadas para el desarrollo. Para estar al día en este tema es muy recomendable seguir de cerca al Laboratorio de Apps Sociales de App Date CO.

En este sentido, las iniciativas móviles relacionadas con la salud, por ejemplo, son una tendencia al alza. Un artículo en Mashable explora cuatro campañas móviles que están cambiando el cuidado de la salud en África: Praekelt Foundation, Health eVillages Salud, mHealth Alliance y Medic Mobile.

Incluso la herramienta menos pensada para estas causas como podría ser a primera vista Spotify se puede convertir en una plataforma de donaciones gracias a Listen to Help, un track en Spotify que, solo por escucharlo, produce una donación automática para ayudar a niños con problemas auditivos en países del Sur.

Estas herramientas demuestran que los avances en tecnología móvil ayudan a la acción ciudadana y también al sector del desarrollo mundial, facilitando el trabajo no solo al personal sobre el terreno, sino también a mejorar la salud, la educación, el gobierno y los servicios económicos a las personas que viven en países del Sur.

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